La caperuza roja

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La caperuza roja 2018-09-10T09:05:27+02:00

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La caperuza roja

Relato finalista del 5º concurso de cuentos de temática infantil, 2013.

El leñador adivinó las intenciones del lobo y corrió a casa de la abuelita, se escondió en el porche y cuando el animal llegó lo atrapó con una red, no era un mal bicho solo que le gustaban las bromas pesadas y tenía unos horribles modales. Caperucita, que canturreaba inocente por el bosque, se asustó al ver el barullo y al darse cuenta de lo sucedido se abalanzó sobre el hombre que acababa de salvarle la vida y le abrazó con fuerza. Sus mejillas se rozaron un segundo, se miraron y entonces el bosque enmudeció, en ese momento el sol lucía más que nunca y ellos ya no quisieron separarse jamás.

Poco tiempo después, con la bendición de la abuela, Nicolás el leñador y Caperucita contrajeron matrimonio. Fue una boda de cuento; ella estaba radiante con su roja caperuza de fiesta adornada con una rama de acebo en la solapa. Su melena peinada con dos trenzas rubias dejaba ver a cada lado un par de cerezas a modo de pendientes, llevaba zapatos encarnados con un poquito de tacón. El novio vestía una elegante casaca de terciopelo rojo ribeteada en blanco con bombachos a juego ¡Qué guapos estaban! El lobo, al que llamaron Rudo, llevó las arras. Con la medida justa de cariño y disciplina se había convertido en el inseparable guardián de la pareja.

Al final de la ceremonia, los novios se besaron bajo un muérdago rodeado de los animales del bosque que lanzaban pétalos de rosas rojas al aire, al unísono amigos y vecinos les deseaban entre aplausos que comieran perdices. El retrato de ese instante preside desde aquel día la repisa de la chimenea de su salón.

Nicolás construyó su casa de madera en un claro del bosque donde enormes abetos y altísimos eucaliptos abrigaban el jardín. Estaba rodeada de una cerca roja y un paseo de macetas de colores con petunias, geranios y alegrías que acompañaban el empedrado de la entrada. Al abrir la puerta una mullida alfombra roja caminaba hasta la chimenea, el lugar favorito de Nicolás. Allí, colocó su mecedora y su juego de tallar; elegía un tronco y acunándolo entre sus manos, le ayudaba con su navaja a dar a luz a un ratoncito de madera, una flauta o un rompecabezas, que luego los esposos pulían, bañaban de colores y vestían de barniz.

Cuando Nicolás iba al bosque, Caperucita encendía los fogones y se embadurnaba de harina, huevos y azúcar glasé preparando las deliciosas recetas que la abuelita le enseñó. La casa siempre olía a crema pastelera, tartaletas de hojaldre o natillas de chocolate. Nicolás se rechupeteaba los dedos con el flan de caramelo y con la tarta de manzana y con las galletas de jengibre untadas en su copita de brandy de los domingos.

Caperucita y Nicolás pasaban juntos todo el tiempo que podían: riendo, charlando, mirándose, riendo de nuevo. En primavera, iban de la mano por el bosque, Rudo se encargaba de la cestita para recoger fresones, moras, arándanos y bayas salvajes para hacer infusiones, mermelada y compota. En verano salían a pescar y nadaban en el lago. En otoño, recogían leña y llenaban la alacena de aroma de pistachos, castañas y piñones.

Cuando llegó su primer invierno, la nieve cerró los senderos, el sol se escondió entre las nubes durante semanas y los peces se helaron contra la corriente. Las puertas y las ventanas quedaron selladas por la escarcha y una terrible epidemia de sarampión se coló en muchas de las casas del bosque. Algunos vecinos sufrieron altas fiebres y estuvieron en cuarentena para evitar el contagio. Su ánimo estaba gris y plomizo así que Caperucita decidió endulzar el aislamiento de sus amigos y regalarles sus postres. Nunca lo confesó pero así, también evitaba que Nicolás se atiborrara a dulces.

Buscó algunas canastillas, como aquellas que solía llevarle a la abuelita, las llenó de rosquillas de canela, tarta de frambuesa, pan de pasas y bastones de caramelo. Unas las adornó con tapetes de cuadros, otras con flores secas o enormes lazos rojos. Nicolás incluyó en cada canastilla algunos juguetes: un tiragomas, un vagón de tren, una cesta y hasta un cochecito con ruedas y todo. Al anochecer se calzaron las raquetas y recorrieron los caminos dejando las sorpresas en felpudos y rellanos.

Durante semanas no se habló de otra cosa en el bosque, de casa en casa saltaban las conjeturas sobre quién repartió las canastillas: hadas, elfos, gnomos. Solo se ponían de acuerdo al reconocer que estaba todo riquísimo y que se encontraban mucho mejor, sobre todo los niños. Nicolás, Caperucita y Rudo escuchaban en silencio, sonreían, se miraban con complicidad y sin decirse nada sabían que el invierno siguiente las canastillas aparecerían de nuevo por sorpresa.

Hace ya algún tiempo que Caperucita apenas sale de casa ¡Maldita artritis! Pero su esposo se encarga de hacer realidad año tras año la tradición que ella inició y se pasa casi todo el año preparándose para ese día. Antes de que el invierno cubra los caminos Nicolás se viste con sus mejores galas, aunque ahora la ropa de su boda le queda más ajustadita. Se pone la roja caperuza de su esposa para abrigar su despoblada cabeza, se peina su larga barba blanca y manos a la obra. Para poder transportarlo todo ha construido un enorme carro a modo de trineo, del que tira el viejo Rudo. ¿A ti nunca te ha traído nada? Deja unas galletas de jengibre y una copita de brandy junto al abeto y seguro que la mañana del 25 de diciembre visitará tu chimenea.

La autora

Ana Arenaza

Reconocimientos:
· Ganadora del I concurso de relatos Topaleku, 2009. “210×295”.
· Finalista del I concurso internacional de relatos Aste Nagusia, 2013. “Made in Bilbao”.
· Finalista de I concurso de narración breve Mecenix.com, 2013. “Almedra Pálido”.
· Finalista del V concurso de temática infantil U.C.D. Sur de Valladolid, 2013. “La roja caperuza”.

Obra colectiva:

· Somos el cuento que nos contamos, 2008.
· En nuestros trece, 2009.
· Quien cuenta sus males ahuyenta, 2010.
· Materia al contado, 2011.
· Sin embargo se mueve, 2012.
· Érase una vez… un microcuento, 2013.
· Desahuciados. Crónicas de la crisis, 2013.

Ha publicado relatos en:

www.mardesuenios.com
www.bilbaocomohascambiao.com

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